Su figura
prescinde de sí misma,
se levanta,
esparce su blancura,
destello de luna,
de encanto,
flor de pétalos encarnados,
luz danzante,
aroma de astromelias
por el jardín de los pasos
diligentes.
Los zorzales la secundan
cuando cantan,
va podando el mediodía
con la inocencia de su mirada
salpicada de futuro.
Ella refresca la tarde,
con su cereal de viento,
la tierra sonrie
cuando su tez palpa
con sus dedos de brisa,
amor que no se agota
ni se hiela,
restos y fuegos paralelos,
regresa a ser agua,
arcilla entre espesura
con la pujanza de sus manos.
Oleo
María Francisca Mayoral

No hay comentarios.:
Publicar un comentario