domingo, 1 de octubre de 2017

Diminuta fortaleza


Por el césped calmo de octubre
el yo anaranjado con las alas abiertas,
la mañana hecha de aberturas
con pluralidad de verdes olores,
invariable, delante la grieta del tiempo,
un aire, siete pasos, una casa callada,
un cúmulo de emociones por ser palabras,
un diálogo de formas que escapan de la velocidad,
del pictograma del dolor, de la muerte,
entre el firmamento y mi mano
un teclado, tres frutas, varios ideogramas,
desde la profundidad oscura de la tierra
palpitando siempre hacia arriba,
siempre hacia arriba.
En tus manos un recipiente de luz, 
se afianza el mundo en el viejo oleaje,
el gato acicalado cree que el mouse es un pericote,
un retazo seco de cielo alumbra el día.

Mis ojos tienen sed de ti, 
quieren palpar tu invasión,
quieren tomar el agua pura
de entre tus pliegues,
necesitan del avance de tu espíritu
que se atreve a ser exento para más amar,
estoy sediento de tu risa y de tu boca
que brota siempre del presente,
a borbotones de sangre,
insiste liberarme con su voz el corazón,
estrecho la primavera y la niñez 
en mi mano izquierda,
en mi derecha extendida todos los vuelos, 
si, mis ojos son estas puertas 
que te conducen por el caminito
donde la roca se hizo sustancia para anotarlo todo.
como el campo que está aún en todas partes
con su gran secreto de fuego,
mis ojos encendidos y abrevados
se afianzan en tu extensión,
tu superficie revela lo que se activa en el núcleo,
nuestro cuerpo diminuta fortaleza. 









 

No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Tejedora de la historia

Tus dedos de tejedora de la historia,  de piel acelerada por los sueños trenzan firmes puntos de avena fresca sobre la confianza del hom...