miércoles, 1 de noviembre de 2017

Fragmento



La primavera vierte en mí sus labios,
oh, sus labios, 
fragmento de la eternidad,
 
hallazgo de noviembre a la sombra del jacarandá aborigen,
yo soy mi instante aromatizado
por muchos otros instantes,
mi nombre es destinatario en este trayecto,
de aquí está lejos el mar
pero no tus ojos,
el cielo siempre está cerca,
ahora se pinta de naranja la tarde
como los labios,
y los ojos con el calor elevado de la tierra,
 
yo no cedí sino mi corazón al ritmo
con el que se perpetúa en ti la especie, 
roce de arándano que tú me revelas,
pasajera con sabor a bosque de eucalipto
con unas gotas de limón y miel de flor de café,
impulso chispeante de enigma y vigor,  
siempre hay un tropiezo para cada piedra
y una campana para cada iglesia,
una mano para otra mano,
también literatura para los bolsillos
en el filo acerado de la música, 
y logaritmos para los helados y brownies,
siempre sucede más de lo que presiento,
hiciste bien en surgir por entre la cizaña,
vestir la luz de la tarde con tu esencia
y consentirme con un beso,
pero no es por eso que te amo,
mira todo lo que trajo la existencia,
 
aunque a veces soy esa criatura
    que tantea entre los versos, tu cuerpo.  


























                                                                                                             
 

 


 
 
 
 
 


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