lunes, 14 de marzo de 2016

Semilla, caliza, vid



No hubo otro lugar
para disputarle
un día a la muerte
sino la tierra
semilla, caliza, vid,
suelo bajo las estrellas,
verbo en cuyo aumento
clarea la vida
que lleva tú nombre
fluído, gotas, sed
para el corazón mío.



Verano explosivo 
de maracuya,
aquí ocurrimos,
expandiendo,
contrayendo 
el infinito,
oh entera naturaleza
aparta de mi 
el vistazo inútil,
el rapto de serpiente
que transportan mis ojos,
y ocúpame con tus
labios ígneos,
repentina rosa
de los bosques
aurorales,
descúbreme 
con tus pupilas 
recién amanecidas.



 
 

 

 

 
 



 



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