jueves, 22 de septiembre de 2016

Infusión



Mi cuerpo es una estancia
vertida,
sin distancia prudente,
entre las vallas que se acercan
y tu boca que se estira.

La fronda forra mi infante
con los pies en puntillas,
distingo el olor
que te contiene,
amparo del tiempo,
la ternura me pare 
a la intemperie,
en el suburbio de tus besos,
trance de sed profunda
me murmura al oido
el sol que resbala en el jardín,
lento respiro,
arrullo con doble ere
y con doble ele tus cabellos,
no es un error que existas,
desde tus manos
sales de ti para quererme,
aprovecho tus ojos
para ser invencible, 
mírame núcleo de la piedra:
con la luz que permita ver
todo lo que contengo,
mirada labriega,
pon en mi pecho tus semillas protegidas,
infusión de sangre para mi sangre.

¿Cómo es que fluyes
en mi médula y en mi boca?
dime tú, administradora mía
¿cómo es que hilas
con tus dedos ávidos
signo por signo mi vida?
¿cómo es que la tarde nos junta
en este cruce de lenguas,
y aromas síncopados?

Ella y yo salimos
de las entrañas
del firmamento,
bendita bondad
que me arroja
habitar el cuerpo,
colmo el centro 
y la periferie destilada
del deseo del otro
en el mismo cruce de lenguas
donde la tarde se une. 







 


 









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