jueves, 2 de julio de 2015

Pajarito de cristal



Colibrí, hermoso colibrí,

pajarito de cristal.                                                                                                       

El día despunta con aroma hiriente,                                                             


con esa energía plomiza,

filtrando la sangre del amanecer

por todos los lados.

Sí no fuera porque de niño

extendía las alas como brazos

y descubría la alegría

de aletear en la inmesidad azul,

sin reflexiones estériles, 

sin mancillar el día,

extraviado por los rincones de la tierra,

sumergido, arrojado al vacío,

indefenso de tú mirada

sin mas preservantes

que tu prolongada sensatez,

si no fuera porque de niño

con mis manos acorralé

el elevado vuelo, agujereando

la claridad con la que tus ojos

iluminan el mundo,

con los que se hilan 

los bordes del tiempo,

donde nos damos de signos

con dedos, alas y vuelos

pecho de corazón tornasolado

con la temperatura de tu color 

asciendo, desciendo, planeo

me detengo ante tu boca de flor

para vencer lo invencible,

para piar la tarde con un trino,

y salpicar de la garúa que soy

en cada grada de tú trayecto

con el que te elevas 

hasta el desvestido cielo,

aseando el universo,

en contorsiones y sudores,

si no fuera porque de niño

quise ser un colibrí

montado en vuelo,

no sabría multiplicar los pigmentos

con el dulce sabor, flor amplia,

que fuiste, que eres, 

si no fuera porque de niño

conocí la alegría de ser

alas, viento, inocencia,

hoy no sabría preservarte flor

amplia del campo, fruta diáfana,

ni supiera danzar en la altitud

con rapidez y sosiego,

con lo que se alza en mi

y demuestra la fórmula 

nómada de mis alas,

con las que abrazo

la luz del espacio que habito

en ti existe el infinito

y en mi vuelo de colibrí.









 




                                                                            


 









 









 







 

 









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