lunes, 25 de mayo de 2015

Artesanía del amor




Tengo en la laringe 

las dos consonantes

y la vocal 

de este sol tibio que se asfixia

por el fin de semana largo 

de otoño y sin ti,

como en la lengua tengo, 

el sabor de un grito apagado

por mariposas 

que no quieren pintar sus colores fuera,

y se acurrucan en un verso sin duración

a la espera de verte salir por la mañana.

Tengo en el estómago 

una fábrica de notas

que de puntillas bailan la melodía

de sabernos cualquier día volando 

contra corriente, 

casi frente a frente 

el uno del otro, 

pregonando la delicada

calidad de la artesanía 

que significa amarnos.

Tengo en los genitales 

la ruta Lima, Chosica,

un periplo por Europa 

con todos sus euros

que cascan con sus dientes de tulipanes,
 
la sinfonía caída 

sin perder el equilibrio.

Y el puro deseo de saberme dentro.

Tengo en los riñones 

una piedra para mi iglesia,

que estalla con resplandor 

e instaura una rosa.

El teorema del mar que resta, 

luego simplifica,

a una sola pizca de sal ultra violeta 

que besa el suelo

y enteramente retorna a ser 

y a no ser ausencia,

Tengo en los pies 

mi nombre que pronuncia la tierra

para asirme a ella 

cuando decido erguirme

ante la magnética espuma de tu mirada,
 
que trae el infinito olor a mar, 

tan cercano

que se disemina 

en todas las venas y vasos capilares,

para destruir el castillo de furia y albura.

Tengo la seguridad en las manos 

de una joven carcajada,

que como una red, pesca, 

el océano escurridizo

del inmejorable y acorralado cariño.











   





 

 









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