viernes, 1 de mayo de 2015

Me voy que es lo mismo que me quedo



Me quedo, que es lo mismo que me voy

con mi estrellita prendida sobre el sueño-niño,

mis amaneceres donde se frenan los caminos,

mis cielos inhabituales, ciertos y sin patentes,

con mi parcela airosa que me separó del mundo,

me voy, que es lo mismo que me quedo

con mis ojos frente al mar transcribiendo 

el alfabeto del espumoso oleaje,

llenando el tiempo con leyendas, cantos, fluidos

y la experiencia de descubrirme solo,

sin la deuda de no haber dado ternura

me voy abarrotado de interés, con un sitio vacío    

con mi duración, mi cometido y mis compañeros

que se van conmigo en alientos y abrazos,

con las astillas mas punzantes, mi perplejidad

indigente, moribunda  y prematura

mi impaciencia, mis temores,  mis salidas y entradas,

mis descuidos. Me quedo con mi capitán,

el viejo corazón que arriba donde menos lo esperan,

con enfados, sonrisas, aciertos y tonterías,

me voy, que es igual que me quedo,

sentado bajo la sombra del árbol que yo mismo 

he sembrado con apegos y acordes menores

que los llevo en la guitarra de mi alma,

construida con las vísceras de mi carne

en la perspectiva sin tiempo ni espacio

con el rastro de donde encontrarme, 

cerca de los versos abandonados de la cigarra,

una mañana después de una noche luego de una tarde,

me voy que es igual que me quedo

recostado al borde de la ventana viendo

el sol crecer en el parque de mis desiertos,

resucitando todos los días a un muerto.









   



  









 

 



 

 


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