jueves, 28 de mayo de 2015

Obertura terraquea



 En el compás decimo sexto

de la obertura,

llega al final otra historia,

parecía el colmo de la renuncia,

azul pálida como el sabor

del viento que desciende del norte. 

Aunque ella continua sonando,

incinerándose con el sol, de sol mayor,

busco el cariño de la, a veces,

repentina inspiración,

se detiene sobre una hoja

oscilante,

contemplo sin decir nada

la mano sinsabor repleta de otoño,

mi esencia se exfolia, como el ponciano,

como el trigo retira el hambre.

El beso decidido a irse

eleva su rostro de parapeto

donde los higos pasajeros

se muerden con la boca cerrada,

con mis brazos circundo

los pasos tempranos, amarillos,

un corazón fresco, tímido sacude mi pecho,

las seis de la mañana de un reloj sin tiempo

incluido en mi propia existencia,

expropia un respiro de los mundos paralelos,

el suelo se volvía a cerrar conmigo dentro,

enredando el destino al terminar la calle,

encargo mi retorno para sentir

el aroma de las flores rociadas

por los dedos de la aurora,

mis oídos perciben el tanteo del resplandor

repleto de carcajadas,

el inmenso planeta es una gota de agua,

la tierra coge un puñado de cereal flameado

por el vuelo del halcón

y lo aloja en mi boca sedienta 

de lo que ahora eres.



















 









 

 


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