jueves, 19 de diciembre de 2013

Mis días y mis noches



Puedo darte un equitativo

suspiro como sustento ahora

que estamos próximos,

haciendo de iras flores,

sin extraviarnos en lo obvio. 

Puedo dar con albedrío, sin medida, 

todos mis días, apropiadamente    

frescos, limpios, agradecidos,  

y todas mis noches requeridas,

sosegadas, esenciales, reservadas.

Puedo mostrar en mi faz

respuestas hendidas de  resistencia

a verlo todo superficial,

y  de mi  paso por la tierra

una señal a tu costado.

Puedo dar una lección

sin que ocasione una lesión

y entre canción improvisar

una suma de compases

sin preámbulo ni prolongar

lo que quiero ir contando,

y al inhalar, procura ser

quien dé el aire. 

También puedo darme en juegos

de niño que no se amaina

ni se deja vencer,  y  a veces,

al insensato de ajenos sueños

el infante le queda grande

por la llave que lleva con él.

También puedo empezar de nuevo

en  cada aurora, en cada ocaso

y ofrecerte mi constancia deliberada,

mi entendimiento y afectos.








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