jueves, 5 de diciembre de 2013

Una rosa blanca




Se hace comprender con unas cuantas faltas ortográficas

que por la premura del tiempo a veces son necesarias,

más allá de esa calle que corre de oeste a este

y que se traga incontables partes de atmósfera

como si la vida sirviera para el experimento

se halla el jardín del encuentro, ese pequeño espacio

donde el abovedado universo nos alumbra con deseosos destellos,

ahí puedo verla ligera de prendas para el calor que hace

y sentir que mi eternidad no es sujeto, ni verbo, ni predicado,

tiene forma, peso,  ocupa un lugar y gravita.

Mientras nos leemos percibimos el tiempo a son de respuestas

para ninguna pregunta que se suelta en silencios palpitantes,

quiero romper el hechizo de realidades dudosas que atrapan

y más allá de admitirnos tal cual en el reflejo nos descubramos

y paseemos los ojos sobre nuestras pieles en pausadas caricias.

Pétalo sobre pétalo entre rosas blancas y rojas .



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