miércoles, 10 de diciembre de 2014

Reflejos inocentes







Aun los que te aman fingen,

muchas veces sin saberlo,

cuentas que cuentas con ella,

cuando es simplemente abundante.

No es que la luz aprenda a oscurecerse

ni las tinieblas destellen.

Tal vez tus ojeras lleven mi nombre,

como tu corazón, mi sangre,

y tus manos, la piel tersa

de nuestro enlace covalente,

la cena caliente en tu morada

en tu mesa, el pan, el vino,

en nosotros se ajetrea la paz.

Tal vez tus ojeras lleven mi nombre,

aunque yo creo que es la sombra

de nuestros reflejos inocentes,


vestigios del cosmos en el mundo,

una vieja costumbre, hasta el último

la brasa crepita y las chispas se expanden,

ahora tu sangre descansa en la mía,


en este lecho azul y despejado como la noche,

esta ingenuidad exenta de fin de la ternura.

nos cuece, nos junta, nos nutre. 



































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