miércoles, 17 de junio de 2015

Mi albergue



El canto del petirojo

me suelta una sonrisa

desde el cielo,

por un instante

se ausenta el dolor

que sobra, cuando

necesito que tu boca

me acurruque 

por partes y entero,

preciso, de ti;

la claridad del aroma 

donde se abre el día

para encarar la batalla.

pueda que le devuelva

calma a esta deriva

inténsamente sólida.

Indago entre las hojas

del texto que soy,

sostenido por tus palmas,

una palabra que haga

de tus ojos bonitos

dos rayos

que fragmenten

en partículas redondas

está fragilidad, 

veo en tus uñas

la intimidad

transparente del sustento

en el que te has vuelto,

de tus manos aprendo

cada instante,

que cada instante 

son tus manos

un prodigio,

ellas hacen la hora

de la lucidez,

y le dan tiempo al tiempo,

gracia a mi percance.

Amada mía, a veces

eres como mi aprieto,

y casi siempre

como mi albergue.



 


 

 

 





 

 





 




















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