viernes, 23 de mayo de 2014

Madera






Ya no es secreta la relación

entre los colores de mi rostro

y las luces del crepúsculo,

entre la Florescencia repentina y

la manzana agusanada con la serpiente

inmovilizada en pleno impulso por morder,

entre los abalorios y pendientes tornasolados

y el sabor del retoño de las hojas rosadas

de suavidad tan igual a la piel humana.

Ya no son recónditos los vínculos entre

esta madera que me pertenece,

progenitora de todos los árboles.

Me nutro de ella,  es mi alimento,

domicilio en sus raíces, me recuesto

en sus ramas, me asombro del

astro empedernido, ya no opino,

estar es lo principal y fundamental,

vivo el día pensando en lo gratificante

que significaba su mirar, un baño de agua fresca,

abrigo que se aproxima con el ulular del anochecer,

el rebrote de un azahar, la mujer que llega,

me entrego a su aliento como me doy al viento,

ya no continúo buscando una razón para vivir

porque ella misma es una muy propia,

repentina multiplicación de pigmentos

titilante estrella de las más bellas.

 



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