sábado, 11 de octubre de 2014

Bondades del mundo








Hay en la oquedad 

una refracción de mi,


desciendo las gradas de dos en tres,


le pongo alas al hijo del núcleo del orbe

y me quedo sin ártico ni aliento,

detenido y descosiendo.



Hay en tu cuerpo de mujer lomas y entalle, 

dictamen y ofrenda sobre piernas blancas,

ya probé la hiel y el óleo amarillo,

por ti, se detuvo la propagación del túnel,

por esos tus ojos que iluminan 

estos restos que se cansan,


por aquellas manos de actitud atinada


es por donde pasó completa la tierra,


alzada, solidaria, honorable,


de mis pupilas al alba


operas los vestigios que escribo,


es porque no quieres verme más


bronceado y con el corazón en sílabas,


dilatando conjeturas, helando manantiales,


es en ellas que huelo el jardín,


espárragos, madreselvas, jazmines.


Las aves escapan de mi

si me usas con miedo,

y descubro mas calor que en el sol,


en las noches con luna,


cuando tus labios se juntan 


para darme de beber


gravilla, cielo, entusiasmo, pan.


Para perdurar te fraguo como espada

y me pongo como escudo humano 

como pluma y cincel,

para marcar la roca olvidada

déjame decirte te amo 

como un bebe a la leche cálida,

al pezón incondicional,  

y a la mirada donde descubro

las bondades del mundo.


















   














  



  





















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