viernes, 17 de octubre de 2014

La mar y la miel






Recostado al barlovento


lanzo un aparejo de canciones 


a tu mirada cósmica,


de sustento recojo 


todos tus lenguajes.


Sabes que soy libre


dócilmente franco


y tu eres parte necesaria 


de mi libertad,


de tu vigor parten


las sublevaciones,


allí se extiende y se incendia la tarde. 

¡Trovador, haz nubes copiosas


de nuestros corazones


para llover en los labrantíos!


y sobre las espigas rosadas, 

por el color, estos versos


son tuyos como el amor

que en ellos hay.

¡Conviérteme, bardo,

en una abeja


quiero volar hacia la flor,


posarme en ella,


tomar su néctar 


y hacernos miel,


piel cabalgando

sobre la certeza. 

poeta, de los ojos ausentes

tus versos vienen 


de lo que deja el oleaje,

estás en el momento 

en que tú y tu chalana

es solo la mar

de los eternos inicios,

agita tus ojos de cielo,

y deja que las gaviotas

agujereen los tempranos luceros

que fosforecen como mi esencia


cuando te amo.

  














  















  

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