miércoles, 30 de julio de 2014

Ayer que es todavía







A los momentos de los bosques

de la libertad, le suceden

la fiebre de la construcción

con un tanto de lavado de activos.

La población entregada

enteramente al aire que la penetra.

No se puede alcanzar

la dicha de los pueblos

en el primer intento.

La luna vino a la tierra,

a la calle conmigo en sus manos,

con sus tenues rayos reflejos

como el eco de tus pasos

devueltos por la mañana,

el hombre la ve ¿ves?

El hombre la está viendo.

El que tiene oídos para oír

los oye, definiendo el camino,

para no dejar el calzado

en la profundidad de la huella,

puede que percibir a corazón sensato

sea tan ridículo como el colibrí,

para las emociones están,

las agendas sin lugar para ellos,

las tarjetas con versos de otros,

los hábitat jardines de hierro.

Apocalípticas movilizaciones

de una catástrofe,

pueda que tenga asidero

que al virus, como es solo información,

no se le pueda dar muerte,

que la guerra contra el narcotráfico

está perdida, claro de ese modo

hay menos humanos con capacidad

de ver en otros algo emocionante,

hay que demorar  lo que se pueda

en perder la alienación,

la estupidez y la bondad nunca se llevaron,

le di un puntapié al dos mil catorce,

a los voluntarios del cuerpo de paz

les dan su mesada por cajeros automáticos,

con los hilos que tengo tejo, lo que tejo,

a lo que no se puede quitar

un ayer que es todavía.


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