lunes, 28 de julio de 2014

Introducción I y II


 



Es claro que la muerte no está viva

aunque Tánatos es analfabeto

y nos acompaña sin Alzheimer ,

tiene muchos rostros vigentes

en gran mayoría cara pálidas.

Cuando se proclama

el nombre del difunto,

este simplemente responde

con más  dolor y  ausencia.

Que ánimo por seguir luchando,

parece que la civilización

despojó al hombre de toda

entereza  ante la muerte,

a pesar de los muchos razonamientos

moldeados a través de los tiempos,

para explicársela perspicazmente  

y admitirla con sosiego.

Prólogo a la muerte I

Introducción a la muerte II,

qué ánimo el de Cáncer

por ser Acuario y el de Aries

por ser caballo.

¿Acaso ya nació el último mortal?

Los motivos que nos apartan

son incontables,

los temores, las prótesis bancarias,

los matices que reflejamos,

las banderas ondeadas,

las fronteras surrealistas,

con el perdón de Dalí,

en contraste,  la muerte

nos da una lección de democracia,

nos cierra sin distingo los párpados

y cualquier otra ambición,

la ley distributiva se cumple

con exactitud, sin cábala.

Qué ánimo de la carne por ser eterna, 

había que convencerse aun

que la muerte no era un fin

a la que se entraba desde la vida,

con el aval recibido

a este lado de la barricada.

Para algunos el tránsito,

el esfuerzo por deambular

trae más zozobra

que la misma muerte.

Que los muertos entierren

a sus muertos.

Qué ánimo del puñalito

por ser pan, de la luna

y el sol por asomarse

a la ventana donde 

ya nadie espera,

es indudable que a pesar

de no estar viva,

está muy ajetreada,

y tiene increíblemente muchas

reservas y vitalidad,

e inexorablemente se acerca

con el latir de los relojes ,

en procesiones, 

en desfiles por fiestas patrias,

en las organizaciones de naciones,

así es ella, como Robespierre

incorruptible pero sin cabeza que ruede.





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