martes, 1 de julio de 2014

Nunca atraída ni amansada







Cómo  te vestiste de flor


en la glorieta sin charanga

en la pileta sin agua,

cómo llegaste hasta aquí

sin moverte de ahí,

cómo me alimento de tu mano

si no soy palomo de parque,

cómo creces  hacia el cielo

pintando tu silueta,

cómo el fluido llegó hasta ti

sin empaparlo todo.

Nunca atraída ni amansada.

Que otro abandone el empeño,

yo iré por tus faldas

que rutilan por calles del este

para saberme y admitir

lo pichiruche y ajetreado.

Las luces hablan

con intolerante dulzura.

Los olvidos colorean

la puerta de un mundo  ignorado,

acaso real, acaso imaginado,

mientras vas mujer sin vuelta,

en tus ojos aprendo a remontarme

y a derribarme cuerpo a cuerpo,

a cobrar un peso nuevo

y a llegar a cero,

a saber mi forma humana,

a borrar el desenfado

del abrazo bien dado

y a huir de la réplica

cantando para adentro

la canción de Manzanero,

a reconocer en tu reflejo

complicidad y equivalencia,

a ser llovizna y pies en el suelo,


algo o todo violento como tierno,

a recostar y despertarme,

olfateando tu piel a la distancia,

a des aburrirme  sin pausa

y sin hastío, vivir sin tregua.
  





 


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