Las aves alzadas por el aire
en el jardín al inicio de la montaña,

cerco mis fanales y bailo
entre tus mantas de besos
que toman mis gotas,
y cada frase que escondí
en los ojos de mercurio.
El rosal rasga al viento

una y otra vez,
sombras frías y húmedas
en el interior de los huesos,
las cosas nos examinan
y nosotros no podemos mirarlas,
no volveré a sentirme ajeno
aunque no me llegue a saber,
ni urdiré en el baúl de retazos,
adicionemos caminos
al vagabundo con eclipse en el torso

de estirpe bonachona.
Enorme corazón estelar
se aproxima con el pez de luz
que abre travesías al alba,

nos acompañan olores andinos
crepúsculos azules
esponja escarchada de recuerdos
ardor de seco labio cuarteado
prolongada marcha por el valle,
descalzos pisando cardos
brazas que ya se extinguían
levantando sus nubes irritantes,

nos llamó noche adentro
escuchando a si misma
escuchando a si mismo.
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