sábado, 21 de junio de 2014

Mariposa azul





Mi prosapia no se hizo 


de la noche a la mañana,

ni en  la sospechosa,

ni compró su honor en la barata,

ni tuvo cinco velocidades de fuga 

y una de marcha atrás 


cuando asomaba el riesgo por delante, 

siempre fue leve de apegos,

y uno de esos soy yo.

Parece que la tarde y el sol 

bailaran con mi piel hasta el océano

donde se apartan tranquilos

los sueños de dos barcos,

lanzar por la borda lo prohibido,

y quebrantar los métodos 

que nos aprisiona en el siglo 

de la paradoja del mensaje.

Hacia el este algunas nubes 

no logran cubrir tus luceros.


Sabes, azul mariposa de la aldea

ahora te quiero y lo sabes, 

pero no es igual que ayer

hoy te anhelo oliendo a mujer

cuando llegue la luna nueva,

en un recinto de velas y tragaluces,

felina queriendo ser compañera,

quedándonos frente a frente con el niño

fascinado por el eco de la montaña,

sabes vacilante alevilla

cuando regresamos por la mañana


y las calandrias azules cantan,

en coro con los zorzales,

y nos envolvemos en su vuelo

llevamos la existencia 

a una zona intermedia  

tanto tuya como mía. 































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