jueves, 26 de junio de 2014

La tarde del Gólgota





Ahí donde acaban mis pies

comienza el frágil género humano

triscando el destino en palabras

oídas una tarde en el Gólgota

de un madero a otro,

de otro madero a uno,

no me dejaré de querer. 

La época me intimida

pero no me somete.

¿Cuándo se juntan mi pedido

con tu proposición o viceversa?

¿Cuándo datamos con precisión

mi demanda con tu oferta? 

Tierra, cuanto más bracearás

en papeles de oficina,

no quiero disponer los amores

que antes fueron imágenes,

ni ordenar los paisajes

de manera vertical,

un día serán los siete

en el centro del cosmos

mientras el mar se intoxica con aceite

y el país dormido ronca su presente

al son de alarde, cumbia y balón pie,

con dureza de verbo emplomado.

Por sus frutos los conocemos,

cáustica elocuencia de la acción,

síncope de colores siempre repetidos,

penumbras tildadas por excesiva luz,

flores ofertadas en la esquina

radián  banderas y circos,

alegrías y agonías riman,

rimando corruptible amnesia

con el plan de la inteligencia. 

Me dono para ser comido

por mariposas de colores

cuando los gritos llenen el valle,

y se arríen las calaveras

alegóricas de la revolución

con el prefijo en Re sostenido,

incomprensible y propia,

no concilio con la gente

que no conoce la otra mitad,

aquella irremediable pero liberadora

solo por el gusto de hacerlo.

El francés, inglés, alemán, español

nunca fueron solo idiomas,

Schopenhauer ¿qué me cuentas

de la energía oscura?,

Hopkins ¿cuándo desentrañas

la ríspida naturaleza?

Robespierre

¿acaso  Guillotin pensó en tu cabeza?

Don Quijote, quinientos doce años

para celebrar la colonización

el descubrimiento y la equivocación.   

Piensa en ti, porque yo creo mi mundo

de palabras y figuras de cristal

que alguien puede quebrar pero no callar.

   


 
     






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