lunes, 2 de junio de 2014

¡Oh cuánta falta de calor!





¡Oh cuánta falta de calor!

quién se viese presto,

negras noches sin luna

pero ninguno se dormía,

tus ojos me recuerdan

la voluntad de la tierra

que da sus frutos para todos,

cuando nadie quiere ser río.

Me siento no de sentarse

sino de sentir,  lleno de palabras

impronunciables,

la aventura equivale a descender

al mismísimo  mundo

donde nadie ama las hojas verdes,

el rostro de la compañera

en la calle solitaria,

ni la tribu morada de la playa,

ni las manzanas picantes

levemente mordidas

el hombre tan inerme como siempre,

sobre el resquemor  edifica  la teoría,

la práctica es otra muy distinta,

discursos, reconvenciones,

advertencias,  violencia.

La carta del nuevo poeta

conoce el misterio de la espiga

el grito de un parido se escucha

en los lugares comunes

y extraordinarios, el amor está

en las tierras áridas donde se confrontan

las serpientes del hambre

bajo el taparrabo diminuto

de los habitantes del bosque,

en los pies del caminante,

en el clamor de los millones

de moribundos suspendidos

pero no de su moribundez

sino en la era digital.






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